1.000 : Capítulo 1
Llevaba meses esperando esta oportunidad y no podía desaprovecharla.
Aquella mañana, me desperté dos horas antes de lo habitual, a las 6:00 AM para ser más exactos. Me preparé el desayuno, con más cuidado que de costumbre. Si bien es cierto que siempre he procurado realizar las compras oportunas de los productos que consumo, para evitar pérdidas de tiempo innecesarias ante todo, aún hoy me gusta añadir cierto tiempo extra para cuidar los detalles. No en vano la comida más importante en el día es la primera.
Un poco de leche de soja transgénica, algas tratadas, una pequeña barra de cereales con extractos de fruta y finalmente condimentos sintetizados de glucosa, vitaminas, calcio, hierro y zinc. En el pasado, concretamente hace unos 300 años, este desayuno estándar era considerado casi un sacrilegio para los amantes de la buena cocina, y no les faltaba razón; en mis años de estudiante había tenido la oportunidad de comprobar el proceso de elaboración de alimentos parecidos a los que hoy consumimos y en verdad carecían de sabor, textura y olores, por no hablar de los pobres resultados nutritivos que aportaban, debido a los arcaicos procesos empleados cuya consumación restaban entre un 25 y un 30 por ciento de los beneficios que podían generar en el organismo. Así pues eran más que comprensibles las atrocidades alimenticias cometidas por aquellos hombres y mujeres en pro de la gastronomía.
De vez en cuando trato de asimilar cómo un sabor u olor de carne, pescado, pasta o especias eran lo más importante. El paladar, por encima de la salud, era el verdadero rey por aquel entonces. Sin embargo en el presente hemos aceptado y asimilado la planificación alimenticia personalizada bajo tutela médica, el viejo dicho de “somos lo que comemos” finalmente se puso en marcha y como profesional en la materia debo admitir que todo conlleva un proceso; han sido muchos años de experimentación en varios campos hasta lograr los objetivos y por supuesto una calidad lo suficientemente depurada para trasladar las mejoras a la sociedad en su conjunto. De todas formas siempre tendré algún colega, como mi buen amigo Ben, ingeniero de mecánicas sociales aplicadas, que sacará a relucir sus famosas teorías sobre conciencia colectiva evolutiva, con el fin de recordarme que sin cambios sociales en paralelo a los científicos la planificación alimenticia a gran escala habría sido inviable, por muy buen sabor que tuviera el resultado.
Estos sociotecnos y sus ocurrencias…
La primera ración del día, pese a su poca cuantía en lo visual, no debería ingerirse rápidamente. No provoca daños una ingesta acelerada de la misma, pues el ritmo de vida actual nos hizo preveer este tipo de contingencias pero sí es aconsejable tomarse un tiempo prudencial, no sólo para saborear u oler, pues el placer no debe ser desechado, sino también para que los músculos del intestino y en general del cuerpo se encuentren relajados. Unos 10 o 15 minutos suelen bastar, sin interrupciones eso sí. Así pues, aunque me encantaría desyunar con mi pantalla a distancia de noticias en red , la relajación es uno de los principios básicos en una correcta asimilación, cualquier actividad intelectual o física implica cierto grado de estrés y para una ingesta de tales características es mejor ayunar.
Una vez terminado, deposito vasos y platos en los limpiadores automáticos para una oportuna limpieza con vapor esterilizado de agua. Me encanta cómo el silencio de aquella máquina simboliza otra de las grandes ventajas de la planificación; los alimentos tienen las características apropiadas para ensuciar lo menos posible y siendo así, el ahorro de agua se encuentra perfectamente optimizado. En 2 minutos podría volver a comer en los mismos platos o beber en el mismo vaso, pero el ahorro de agua fue tan grande que cambiar de vajilla ya sea para desyunar, comer o cenar es una práctica habitual y yo diría que recomendable para romper la monotía. La vista también forma parte de la comida.
Vuelvo al espejo tras el desayuno, un poco por manía la verdad. Tras la limpieza e hidratación, la vestimenta es lo de menos gracias a los tejidos biosintéticos, sin arrugas, pulcros y el peinado tampoco tiene mucha importancia con el cabello a esta irrelevanta longitud. Tendré que hablar con el doctor Sánchez, manías así podrían tener algún origen aunque no recuerdo haber sufrido estrés al menos en los dos últimos meses.
Salgo de casa, cierro la puerta y utilizo el ascensor del bloque 1090-BZ89 para acceder a los andenes subterráneos. Unas 60 plantas esta vez, no creo que utilice el metro magnético esta vez.
Menos mal que la mejora en los sistemas hidráulicos aumentó la velocidad de subida o bajada en un 40% aunque tenga tiempo de sobra. Hoy quisiera llegar temprano para preparar una entrevista con alguien tan importante.